Provenance Humana

Mi abuela, Carmen Vásquez Pérez de Alonso, nació un día como hoy de 1912, en la aldea de Tosende, en España.

A los diez años cruzó el Atlántico rumbo a Uruguay. Muchos años después volvió a cruzarlo. Esta vez, hacia Canadá. Cuando emigramos, ella no tenía a nadie más. Su marido había fallecido hacía poco y, sin familia extensa, no había otra alternativa práctica. Así que vino con nosotros e intentó adaptarse a otro país, otro clima y una cultura enormemente distinta.

Carmen era una mujer menuda pero fuerte, de apenas 150 cm de altura. A diferencia de mí, Canadá nunca llegó a ser suyo, pero conservó algo que, con el tiempo, resultó mucho más importante.

Nuestra casa siguió siendo profundamente española. Sobre todo la cocina. La comida gallega se mezclaba con toda naturalidad con la del Río de la Plata: tortilla española, empanadas, alfajores y arroz con leche, en una repetición interminablemente excelente. Todo aquello fue un combustible multisensorial, y una influencia, para mis prácticas diarias de guitarra clásica desde muy pequeño. Hay algo muy congruente entre la milanesa, el chorizo y Andrés Segovia. De hecho, Segovia era el apodo cariñoso e inspirador que ella me daba para convencerme de sentarme a practicar la guitarra junto a las ventanas del salón, al lado de su pequeño bosque de plantas de interior, siempre tan bien cuidado.

También fue para mí un silencioso ejemplo de devoción y de amor eterno. Católica devota, aunque muy reservada, recuerdo escucharla susurrar tranquilamente sus oraciones antes de dormir, seguida del clic de la luz de su habitación al apagarse. Después del colegio, muchas veces me invitaba a entrar en su cuarto para saludar a Manuel, su difunto marido, a través de un retrato suyo en blanco y negro, y me decía: «Anda, puedes darle un beso al abuelito, que no le va a importar». Y normalmente se lo daba.

Él era un hombre alto y guapo, dieciocho años mayor que ella. Un amigo íntimo de su padre, a quien había conocido cuando tenía doce años. Se enamoró de él a primera vista y seguía profundamente enamorada décadas después de su muerte.

Gracias a Carmen, nunca olvidé mi primera herencia cultural.

Se marchó de Galicia siendo una niña y nunca volvió a vivir allí. Ciento catorce años después de su nacimiento, sigue llevándome de vuelta.

Feliz cumple, Abuela.


English Counterpoint

My grandmother Carmen Vásquez Pérez de Alonso was born on this day in 1912, in the hamlet of Tosende in Spain.

At ten she crossed the Atlantic to Uruguay. Many years later she crossed again. This time to Canada. When we emigrated, there was no one else for her. Her husband had recently passed, and with no extended family, no practical alternative. So she came with us, attempted to accommodate herself to another country, climate, and vastly different culture.

Carmen was a slight but strong woman of only 150 cm height. Unlike me, Canada never became hers, yet she maintained something consequently more impactful.

Our home remained thoroughly Spanish. The kitchen particularly. Galician food mixed naturally with the Río de la Plata: tortilla española, empanadas, alfajores, and arroz con leche on endlessly excellent repeat. An effective multisensory fuel and influence to my daily classical guitar training from an early age. There’s something very congruous between milanesa, chorizo, and Andrés Segovia. In fact, Segovia was her endearing and inspiring nickname for me, used to cajole me into a guitar practice seated by the front windows, next to her well-tended miniature forest of houseplants.

She was also a silent role model for me of the concept of devotion, and eternal love. A devout, but private Catholic, I remember overhearing her peacefully whispering her bedtime prayers under her breath, followed by her bedroom light clicking off. After school she’d often invite me into her room to say hello to Manuel, her late husband, through a black-and-white portrait of him, and tell me, “Go on, you can give abuelito a kiss, he won’t mind.” I usually did.

He was a tall handsome man, eighteen years her senior. A close friend of her father’s whom she had met when she was twelve, having fallen in love at first sight, and still very much enamoured with him decades after his passing.

Because of Carmen, I never forgot my first cultural inheritance.

She left Galicia as a child and never returned to live there. One hundred and fourteen years after her birth, she keeps bringing me back.

Feliz cumple, Abuela.

4 Comments

  1. Qué bonito. Mi abuela también era gallega, pero su familia emigró a Cuba en 1932, antes de la revolución en España.

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